El orillo explicado: qué significan esas franjas blancas

Unos vaqueros sobre una silla, con una sola vuelta en el tobillo. Por dentro del pliegue asoma una franja blanca estrecha, a veces con un hilo rojo que la recorre. La mayoría de quienes tienen unos así se fijaron en ella en la tienda, les pareció bonita y nunca preguntaron qué era.

No es decoración. Es el borde de la tela, tal como salió del telar.

Qué significa la palabra

Selvedge es una contracción de "self-edge": borde propio. Toda tela tejida tiene dos bordes largos, y en cierto tipo de telar esos bordes se rematan solos. El hilo de trama cruza la urdimbre, llega al borde, gira y vuelve. Nada se corta. El resultado es un borde firme y limpio que no se deshilacha.

Ahí está todo el secreto. La franja blanca de una vuelta es el margen exterior de un rollo de denim, intacto y convertido en la costura exterior de la pernera. El hilo rojo, cuando lo hay, era la manera que tenían las fábricas textiles de identificar su propia tela. Cone Mills, en Carolina del Norte, usaba el rojo. Otras eligieron el verde, el amarillo o el azul, y algunas siguen haciéndolo.

Por qué hace falta un telar concreto

El telar que produce el orillo es el telar de lanzadera. Una pequeña lanzadera con forma de bote lleva el hilo de trama de un lado a otro, y como es un hilo continuo, el borde se cierra solo en cada pasada. Los telares de lanzadera son lentos. También son estrechos, y los rollos que producen tienen aproximadamente la mitad del ancho del denim moderno.

A mediados del siglo pasado, la mayoría de las fábricas los sustituyó por telares de proyectil. Estos disparan la trama en tramos cortos y la cortan, de modo que los bordes de la tela quedan en crudo y hay que rematarlos o esconderlos dentro de una costura. La tela es más ancha, el proceso más rápido y baja el coste por metro. Ese es el denim de casi todos los vaqueros que se fabrican hoy.

Algunos de los viejos telares de lanzadera sobrevivieron. Muchos acabaron en Japón, donde las fábricas de Okayama los mantuvieron en marcha y se hicieron un nombre con ello. Unas pocas fábricas estadounidenses también aguantaron. Cuando unos vaqueros enseñan una línea de orillo en la vuelta, significa que la tela salió de uno de esos telares.

Qué cambia en la prenda

Como el rollo es estrecho, el patronista sitúa las piezas de la pernera de modo que el orillo caiga en la costura exterior. Por eso la franja aparece solo en el exterior de la pierna, y solo cuando se remanga el bajo. En unos vaqueros sin vuelta no se ve.

De esto se derivan varias cosas:

Nada de esto hace que unos vaqueros sean automáticamente mejores. Los convierte en una prenda de cierto tipo.

Selvedge y raw no son lo mismo

Se usan como sinónimos, y no deberían. Raw denim es una tela que no se ha lavado ni tratado tras el teñido. Selvedge describe cómo se tejió el borde. Unos vaqueros pueden ser raw y selvedge, raw y sin orillo, o selvedge y prelavados. Hay muchos vaqueros bien hechos que son selvedge pero llegan blandos y ya desteñidos.

Donde ambos coinciden —en unos raw selvedge— la tela empieza rígida y oscura, y va tomando la forma de quien la usa. Los pliegues detrás de la rodilla, las bandas más claras en el muslo, las vetas claras a lo largo de la costura exterior que los del mundo del denim llaman train tracks: son la impresión lenta de las costumbres de una persona. Salen de caminar, sentarse y llevar lo mismo en el mismo bolsillo durante un año.

Convivir con un par

Quienes han conservado unos vaqueros de orillo durante varios años hablan de ellos como quien habla de un buen cuchillo de cocina de toda la vida. Saben cómo queda la cintura después de un lavado, y cuánto tarda en recuperar la forma. Saben qué altura de vuelta pega con cada zapato. Lavan poco, porque lavar deshace parte de la forma que han cogido; y cuando lavan, los dan del revés, usan agua fría y los tienden en plano.

Los arreglos toca hacerlos en la entrepierna y el bolsillo trasero, normalmente a los dos o tres años. Un sastre remienda la zona desgastada con hilo a juego y los vaqueros vuelven al uso. No es ahorro por el ahorro. Es la respuesta natural ante una prenda que ha acabado siendo solo tuya.

A veces viene bien ver dónde encajan esos vaqueros dentro de todo lo demás que tienes. Cuando la ropa se fotografía y se organiza en Vitrina, esos vaqueros oscuros que combinan con casi todas las camisas del perchero saltan a la vista de un modo que nunca ocurre desde dentro del armario. Con qué lo combinas, y con qué frecuencia, se ve en lugar de darse por supuesto.

Leer la franja

Una vez que alguien sabe qué es esa línea blanca, empieza a fijarse en ella en otros sitios. En una camisa de chambray, donde el orillo asoma a veces en la tapeta o en el puño. En una pieza de algodón japonés en una tienda de telas, aún sin cortar, con los dos orillos a la vista. En los vaqueros de un amigo, en una mesa, remangados dos veces.

Es un pequeño indicio de cómo se hizo algo. Una lanzadera, un hilo que gira sobre sí mismo, una fábrica que mantuvo en marcha las máquinas viejas. Que una prenda lleve su propio origen en la costura, sin hacer ruido, y que uno pueda aprender a leerlo, parece razón de sobra para haberlo preguntado.